Crónica de un parto muy esperado
- Isabel Saenz Gutierrez
- 1 may 2022
- 5 min de lectura
Las contracciones iban y venían, hoy hace dos años estaba en una de las habitaciones de la casa de mis papás haciendo respiraciones profundas y escuchando meditaciones. Era inevitable, Julián estaba a horas de nacer y yo lo sabía.

El 29 de abril temprano, había caminado muchísimo, subí y bajé escaleras, hice mandados, por la tarde salí a dar un paseo con Ale…caminé como tenía tiempo de no hacer.
Y como todos los 29 de abril estábamos celebrando el cumpleaños de mi hermana menor. Ese día comí como si no hubiera mañana, todo me sabía delicioso, además estaba súper antojada de queque con helado…
A la hora de dormir empiezo a sentir mucho malestar, por supuesto la explicación más lógica era que mi estómago estaba haciendo quejas formales por la cantidad de comida que le había metido horas antes.

Pero pasaron las 12, la 1 y el dolor de estómago empezó a intensificarse: calambres híper fuertes, como si estuviera a punto de tener diarrea. Ninguna posición me aliviaba. Fue ahí donde pensé que aquello más que un malestar estomacal eran más bien las famosas contracciones.
Como ya les había contado, durante gran parte del embarazo tuve amenaza de parto pretermino, las contracciones eran mi día a día. Usualmente no dolían pero generaban mucha tensión y pesadez: recuerdo como si fuera ayer mi panza dura dura como piedra. En un solo día perdía la cuenta de cuántas veces sucedían, y definitivamente cada addomen duro era para mí sinónimo de peligro.
A pesar de ello, aquella madrugada del 30 de abril del 2020 fue muy distinta, ya no le tenía miedo a las contracciones, de alguna forma sentía que ya había esperado suficiente, y aunque faltaban 3 semanas para las 40, Julián y yo necesitábamos conocernos.
Lloré muchísimo, tenía sentimientos encontrados: me había enamorado de mi panza, pero ya necesitaba conocer a mi hijo.
A las 2 de la mañana despierto a Ale y le digo: ya bebé va a nacer, tengo contracciones irregulares a veces cada 5, a veces cada 10…pero ya me duelen. Agregué además: no me quiero ir aún para el hospital, yo quiero llegar con más de 4 cm de dilatación.
A pesar del dolor, logré dormir un par de horas, hasta que el dolor
empezó a incomodarme más y más…le escribí un mensaje a mi mamá, “Tengo contracciones seguidas, qué hago?” No me contestó…estaba dormida… inmediatamente texteo a mi doctor y su respuesta fue “Mejor venite ya al hospital”
Pero yo tenía entre ceja y ceja que iba a esperar lo máximo en mi casa, así, según mi lógica no estaría tanto tiempo sola en el hospital (recordar que Julián es un bebé pandemia y los protocolos en las salas de maternidad eran muy estrictos, así que hasta que no dilatara a 6cm nadie me podría acompañar.)
Y en efecto, salí de mi casa a las 9 de la mañana rumbo al hospital. Con contracciones muy dolorosas, por momento en el carro teníamos que parar porque necesitaba gritar.
En valoración el médico me dice que tengo 4 centímetros que es hora de internarme, en ese momento Ale había quedado afuera con mi bolso y los insumos básicos para recibir a bebé.
Así que entré al salón de maternidad con lo que andaba puesto y un pequeño bolso en el que llevaba un cargador de celular y mi billetera.
No sé si por la emoción, pero cuando me ingresan sigo teniendo contracciones pero sin tanto dolor, así que aproveché e hice amigas en el salón…amigas que media hora después no me reconocerían: la transformación de una joven sociable a un monstruo hecho embarazada.
A las 11:30 las contracciones eran incontrolables, llamé a mi mamá y le dije “no voy a poder, esto me da mucho miedo”.
Mami me acompaño como 40 minutos vía teléfono, recuerdo haber puesto el celular en el espacio de la almohada y yo en posición fetal sentía contracciones cada vez más dolorosas, más seguidas…pero mi dilatación seguía en 4.
Mi doctor me había visto una hora antes, y le había pedido a las enfermeras no intervenir en nada: no iban a hacer tactos, ni solicitar oxitocina, ni medicamentos para el dolor. Él tenía muy presente mi plan de parto: el mínimo de intervenciones médicas.
A las 12 pasadas, le escribí un mensaje rogándole que me hiciera un tacto para ver cuánto había aumentado, y que por favor me pusiera epidural o algo que me quitara el dolor, en ese momento había renunciado a aguantar más dolor sola.
"No estás sola, estás con bebé, hoy los dos van a nacer"
La opción de la epidural ya no era posible, ( Juli nació en un hospital del Estado, así que coordinar/justificar el uso de epidural en un parto vaginal no era tan sencillo 😶) pero algo me inyectó (que no recuerdo) y por supuesto que el dolor no bajó y sobre todo sentía la inmensa necesidad de un abrazo, de sostén, estaba completamente abrumada y enojada de estar pariendo sola.
Una enfermera hermosa al verme tan desesperada me acompañó: cada contracción era una ola y la íbamos a disfrutar, entré en un estado de relajación muy extraño, porque me moría de dolor pero extrañamente las podría sobre llevar. Recuerdo que me dijo algo que me dio mucha paz:
"No estás sola, estás con bebé, hoy los dos van a nacer".
Ale dice que yo estaba completamente sumergida en un trance.Y bueno, al final ni era ni tan extraño, me habían inyectado un coctel de algo que me hizo sobrellevar mi parto un poco más tranquila, pero también alguien más había validado mi vulnerabilidad y sobre todo me había regalado contacto físico.
Así a poco llegué a los 6 cm y Ale podía subir con mis cosas y las de Jule…pero nooo, subió sin nada 😨 él guarda del control le dijo que por protocolo no podía entrar con el bolso. Después nos contaron que no era una medida del hospital, pero bueno, Ale había pasado horas sentado en sala de espera, por supuesto no cuestionó la situación.

Del momento en que llegó hasta el parto. tengo momentos muy difusos, ( probablemente el orden de las cosas no sea muy exacto), Ale dice que yo estaba completamente sumergida en un trance.
La enfermera que me estaba acompañando le pidioló a Ale llevarme a la ducha a esperar terminar de dilatar: ahí alternaba el chorro de agua en la espalda y panza.
Una hora sentada en la ducha y finalmente ya las contracciones me avisaban que el bebé estaba listo para conocer el mundo, yo ya sentía a Julián casi afuera.
La enfermera me subió a la camilla y le dijo a Ale: aliste el pañal, bebé ya está acá. No teníamos pañales, así que una muchacha de la cama del frente, que estaba igual que yo a punto de parir me regaló uno, y con un pañal regalado nos fuimos al cuarto de parto.
Ale me prometió: "amor, ya casi salimos de esto y nos vamos a comer una empanada arreglada", 15 minutos más tarde, después de 3 pujadas profundas, nuestro pequeñito estaba gritando y pidiéndole a su papá que cumpliera la promesa de aquella grasienta empanada.
En aquel momento todo era muy borroso (parí sin anteojos y mi vista no es muy buena), pero no olvido sus gritos y esa forma tan enérgica de pedir los brazos de mamá, que no conoció hasta una hora más tarde.
Hace dos años nació Julián, pero también nació una nueva Isabel.
Mientras el personal médico terminaba de evaluar a Julián, Ale tomó el mejor retrato post parto: el de una mujer recien parida con algo de humor dentro. Hace dos año conocí el miedo, la angustia, la emoción, calma e ilusión en su máxima expresión.
Hace dos años nació Julián, pero también nació una nueva Isabel.
Si llegaste hasta acá gracias, esta historia la he contado mil veces, pero nunca la había escrito. Si quieren seguir leyendo mis aventuras maternando, te invito a suscribirte por acá abajo, y seguirme en Instagram.
Un abrazo,
Isa


















Comentarios